Tal cual como un auto, el humano
necesita combustible para moverse mientras recorre el asfalto que llamamos
vida, somos un sin fin de vivencias tanto buenas como malas, somos energía
ejecutada, somos luz...y muchas veces oscuridad, somos una vela que brilla en
la infinidad del universo y aún más importante, no somos una sola luz, si no
que millones de luces, millones de soles y millones de universos, y así como el
sol, estamos destinados a apagarnos tarde o temprano.
Brillamos con fuerza en ciertos
episodios y las brisas de la vida sacuden constantemente nuestro vaivén llamado
vida. A veces esta puede ser muy fuerte y es una luz que se apaga antes de que
su cera se agote por el cansancio. Hay otras veces que la vela se junta a otra
y ambas brillan con mayor intensidad, sin embargo el calor de estas consume las
cera de ambos más rápidamente, así es como el amor se manifiesta en la vida,
pues es esa luz que nos mueve y nos consume, nos quema si nos acercamos o
también nos da calor, el amor es fuego, es energía y es calor, es vida y
finalmente, lo que nos mantiene de pie. Esta luz que nos mantiene y nos mueve y
que es a su vez el combustible que nos mueve y nos permite escapar de las
fauces de la muerte y su gélido toque...El amor es la ausencia de muerte, lo
podemos ver desde el mismo latín como "A-Morte" (sin muerte) Amor. Y
muchas veces es por amor que nos sacrificamos, tememos a la muerte y buscamos
aferrarnos a una luz ajena, a veces, brillamos con mayor intensidad, otras solo
nos consumimos, pero siempre buscando brillar más fuerte, el problema es que
muchas veces esto puede guiarnos a extinguir nuestra propia llama mas
rápidamente.
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