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domingo, 19 de octubre de 2014

A-morte

Tal cual como un auto, el humano necesita combustible para moverse mientras recorre el asfalto que llamamos vida, somos un sin fin de vivencias tanto buenas como malas, somos energía ejecutada, somos luz...y muchas veces oscuridad, somos una vela que brilla en la infinidad del universo y aún más importante, no somos una sola luz, si no que millones de luces, millones de soles y millones de universos, y así como el sol, estamos destinados a apagarnos tarde o temprano.
Brillamos con fuerza en ciertos episodios y las brisas de la vida sacuden constantemente nuestro vaivén llamado vida. A veces esta puede ser muy fuerte y es una luz que se apaga antes de que su cera se agote por el cansancio. Hay otras veces que la vela se junta a otra y ambas brillan con mayor intensidad, sin embargo el calor de estas consume las cera de ambos más rápidamente, así es como el amor se manifiesta en la vida, pues es esa luz que nos mueve y nos consume, nos quema si nos acercamos o también nos da calor, el amor es fuego, es energía y es calor, es vida y finalmente, lo que nos mantiene de pie. Esta luz que nos mantiene y nos mueve y que es a su vez el combustible que nos mueve y nos permite escapar de las fauces de la muerte y su gélido toque...El amor es la ausencia de muerte, lo podemos ver desde el mismo latín como "A-Morte" (sin muerte) Amor. Y muchas veces es por amor que nos sacrificamos, tememos a la muerte y buscamos aferrarnos a una luz ajena, a veces, brillamos con mayor intensidad, otras solo nos consumimos, pero siempre buscando brillar más fuerte, el problema es que muchas veces esto puede guiarnos a extinguir nuestra propia llama mas rápidamente.

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