En más de alguna ocasión me ha pasado que miro hacia el
pasado, las memorias de lo que ahora son solo historias yacen en todo mi ser,
es un juego tan simple que se genera al mirar mi reflejo o pasar por algún
lugar significativo, las memorias arremeten bruscamente, a veces generan
suspiros, otras risas, algunas incluso generan la pequeña incertidumbre de que habría
sido sí. Otros por otro lado, alojan penas,
rabias, miedos y lamentos más sin embargo, cada momento evoca un evento
y cada evento ha sido un cincelazo en la formación de quien soy ahora.
A su vez hay episodios ligados a personas, esto es más
infrecuente de lo que parece, pues en muchos casos, el cambio ha sido casi
imperceptible por la concurrencia de encuentros y por otro lado, existen también
aquellos momentos en los que te reencuentras con una cara conocida. Al igual
que como los reflejos o lugares, las memorias son en el fondo cortes en la
piedra que nos da forma como geniales piezas, únicas en su tipo y forma, somos
quienes somos, por las cosas que vivimos día a día y estamos en un constante
cambio en donde los senderos de la vida pueden unirte a otras animas y a su vez
pueden separarte de estas u otras.
El mundo no acaba por que nos detenemos un segundo a decidir
qué camino seguir, avanza constantemente y con ello también el tiempo. Y finalmente
¿Por qué no seguir escribiendo nuestro propia historia, nuestro propio guion? Las
pausas existen y cada acción que tomamos o no genera una consecuencia, con cada
consecuencia un universo nuevo se postra
ante nosotros para ser descubierto.

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